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John Donne
Inglaterra (1572 - 1631)

La vida de John Donne puede dividirse en dos períodos: la juventud libre del dandy y la madurez del clérigo que termina sus días como deán de San Pablo.
La poesía de Donne se inscribe dentro de la llamada escuela metafísica que presenta analogías con el conceptismo y el gongorismo .La mejor definición de estas tendencias se encuentra en Agudeza y arte de ingenio, de Gracián, quien define la agudeza como “un acto del entendimiento que exprime las correspondencias que se hallan entre los objetos”...Nadie más agudo que los metafísicos: en sus conceptos y metáforas. Sus poemas están hechos de contrastes violentos y de conjunciones bruscas, no en el interior del lenguaje literario, sino enfrentando el mundo de la ciencia al de la mitología, la teología a la pasión amorosa, las observaciones psicológicas a la erudición, el lenguaje real al ideal. En los grandes poetas españoles (Quevedo, Góngora) el lenguaje culto y el coloquial, fluyen paralelos sin jamás fundirse. Entre los metafísicos ingleses es frecuente el choque entre el lenguaje literario y el coloquial, lo abstracto y lo concreto, lo nuevo y lo antiguo. El poema de Góngora es un monumento de luces y sombras, el de Donne es el zigzag del pensamiento que desgarra la sombra para iluminar brevemente una realidad anímica. Para Góngora el mundo es un espectáculo que la imaginación vuelve asombroso; para Donne el hombre es un enigma que la poesía, en su misma contradicción, revela. Si es cierto que Donne participa del espíritu de su siglo, también lo es que su propio espíritu lo lleva espontáneamente a expresarse en formas a un tiempo elípticas y directas; acudiendo a imágenes que funden los términos contrarios. 
A su juventud corresponden los poemas amorosos, las elegías, las sátiras y esos ejemplos de prosa conceptista que han sido reunidos bajo el título de Paradojas y problemas; a la segunda parte de su vida, los escritos teológicos y polémicos, los sermones y meditaciones, los poemas sacros. Los temas cambian, no el hombre ni el estilo.

EN EL SACRAMENTO
AMANECER
UN MENDIGO COJO
UN BARCO INCENDIANDOSE
SI LOS VENENOSOS MINERALES, Y SI ESTE ÁRBOL
POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS
LA SALIDA DEL SOL
CANCIÓN
LOS BUENOS DIAS
EL EXTASIS
ELEGIA XIX: ANTES DE ACOSTARSE (Traducción de Octavio Paz)
SONETO SACRO XIV
LA CANONIZACIÓN
UN HIMNO A CRISTO

 

 

EN EL SACRAMENTO

El era la palabra que hablaba;
él tomó el pan y lo partio;
y eso que la palabra hizo realizable
lo creo y tomo.

 

 

 


 

 

 

 

 

AMANECER

¡Amanecer, oh dulce, y que no te levantas!
La luz que brilla viene de ojos delgados;
El día no se rompe: es mi corazón,
Porque tú y yo debemos ser parte.
¡Quédate! o bien mis alegrías morirán
y fallecerán en su infancia.


 

 

 

 

 

 

 

UN MENDIGO COJO


Si allá un mendigo llora,
soy incapaz,
de pararme,
o moverme;
si él dice verdades,
él miente.



 

 

 

 

 

 

UN BARCO INCENDIANDOSE


Fuera de un barco incendiado,
que por ninguna manera
sólo ahogandose,
podrían salvarse de la llama,
algunos hombres saltan desesperados,
cada un a como puede.
Cerca estan los barcos enemigos,
que con sus tiros los hacen caer;
Todo lo que en el barco se encontraba,
asi que se perdio
ellos en el mar fueron incendiado,
y ellos en el barco quemado se ahogaron.

 

 

 

 

 

SI LOS VENENOSOS MINERALES, Y SI ESTE ÁRBOL

Si los venenosos minerales, y si este árbol,
cuyo fruto trajo la muerte a los inmortales,
si las cabras lascivas, si las serpientes envidiosas
no pueden ser condenadas, ay, ¿por qué lo seré yo?

¿Por qué la voluntad o la razón, que son parte de mí,
harán que un mismo pecado sea en mí más abyecto?
Y si es fácil la gloria y la piedad para Dios,
¿por qué su cólera severa me querrá amenazar?

Pero, ¿quién soy yo, Dios mío, para discutir
contigo? Haz de tu sangre, la única elevada,
y de mis lágrimas, un celestial Leteo
y ahoga en él la negra memoria de mi culpa.

Otros claman y piden que también los recuerdes.
Yo preferiría la misericordia que supone tu olvido.

 

 

 

POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS

Ningún hombre es en sí
Equiparable a una isla;
Todo hombre es un pedazo del continente,
Una parte de tierra firme;
Si el mar llevara lejos un terrón,
Europa perdería
Como si fuera un promontorio.
Como si se llevara una casa solariega
De tus amigos o la tuya propia.
La muerte de cualquier hombre me disminuye,
Porque soy una parte de la humanidad.
Por eso no preguntes nunca
Por quien doblan las campanas,
Están doblando por ti.

 

 

 

LA SALIDA DEL SOL

Viejo estúpido y rebelde, atareado Sol,
¿ Por qué en esa forma
A través de ventanas y cortinas nos visitas?
¿ Deben apresurar tus movimientos las estaciones de los amantes?
Descarado, pedante miserable, ve y engaña
a los escolares rezagados, a los huraños principiantes,
Ve y dile a los cazadores de la Corte que el Rey cabalgará,
Dile a las hormigas del campo que inicien su cosecha;
El amor, de todos modos, no sabe de estaciones, ni tampoco de clima,
Ni de horas, días o meses, esos andrajos del tiempo.
¿ Tan fuertes y temidos imaginas tus rayos?
Yo podría eclipsarlos y nublarlos con un guiño,
Pero así perdería demasiado tiempo sin verla:
Si sus ojos no han cegado los tuyos,
Mira, y mañana, al caer la tarde, dime,
Si las Indias de minas y de especias
Están en su justo sitio o yacen aquí, conmigo,
Pregunta por los Reyes que ayer viste
Y habrás de escuchar: el Universo yace aquíen un mismo lecho.
Ella es todos los Estados y yo todos los Príncipes,
Nada más existe.
Príncipes hay pero nos engañan; reflexiona sobre esto:
Todo honor es teatro, toda riqueza alquimia.
Tú, Sol, arte a medias, serías tan feliz como nosotros
Si en tal forma se redujera el mundo;
Tu edad pide reposo, y ya que tus deber es
Calentar el mundo, en nosotros ese deber lo cumples, nos calientas.
Brilla aquí por nosotros, y tu arte reinará en todas partes;
Este lecho es tu centro, estas paredes tu esfera.

 

CANCIÓN

Ve y atrapa una estrella fugaz;
Engendra un hijo en una raíz de mandrágora;
Dime dónde están los años que pasaron,
O quién hendió la pata del diablo;
Enséñame a oír el canto de las sirenas,
O a eludir el aguijón de la envidia;
Y descubre
Qué vientos
Pueden mejorar una mente honesta.

Si has nacido para ver extrañas visiones,
Y cosas invisibles,
Cabalga diez mil días y sus noches,
Hasta que la edad nieve canas sobre ti;
Cuando vuelvas, me contarás
Las maravillas que te acaecieron,
Y jurarás
Que en ninguna parte
Vive una mujer fiel, y hermosa.

Si encuentras una, házmelo saber:
Dulce sería semejante peregrinaje.
Pero no: yo no iría
Aunque debiéramos encontrarnos en la casa
De al lado;
Porque aun si ella era fiel cuando la viste,
Y lo fue hasta que escribiste tu carta,
Sabrá ser infiel
A otros dos o tres, antes de que yo acuda.




LOS BUENOS DIAS

¿Qué hicimos, a fe mía, hasta el instante de amarnos?
¿No nos habían todavía destetado?
¿Absorbíamos puerilmente los placeres encendidos del campo?
¿O roncábamos en la cueva de los siete durmientes?
Así fue; pero eran fantasías todos esos placeres.
Siempre que descubría alguna belleza
y la deseaba, eras tú a la que anhelaba en mis sueños.
Y ahora buenos días a nuestras almas que despiertan,
Que se observan una a otra no sin miedo;
Por amor todo amor sobre otras miradas prevalece,
Y construye un pequeño refugio en cualquier parte.
Que los descubridores de mares visiten nuevos mundos,
Que mundos sobre mundos a otros los mapas les enseñen,
Déjennos conquistar un mundo;
cada uno posee el suyo, y es sólo uno.
Mi rostro en tus ojos, en los míos el tuyo,
En los rostros descansan los fieles corazones;
¿ Dónde podríamos encontrar dos hemisferios tan perfectos
Sin el Norte glacial, sin el agonizante Ocaso?
Aquello que muere no está debidamente amalgamado;
Si son nuestros amores uno, o si nos amamos
sin desmayo, de ningún modo moriremos.


EL EXTASIS

En una preñada colina que se ondula
como una almohada sobre un lecho,
para que las violetas reclinen sus cabezas,
nos sentamos tu y yo, cada cual lo mejor del /otro.
Nuestras manos, estrechamente ligadas
por un fuerte bálsamo que de ellas provenía,
y nuestras miradas, entrelazadas,
ensartando nuestros ojos en una doble /cuerda;
Entretejer así nuestras manos era, por el /momento,
el único medio de hacer de ambos, uno,
y nuestra única propagación,
las imágenes de nuestros ojos.
Como en dos ejércitos iguales, el destino
aplaza la incierta victoria,
nuestras almas (que para engrandecer su /condición
salieron del cuerpo), estaban suspendidas /entre ella y yo.

 

 

 

ELEGIA XIX: ANTES DE ACOSTARSE

Ven, ven, todo reposo mi fuerza desafía.
Reposar es mi fuerza pues tendido me esfuerzo:
No es enemigo el enemigo
Hasta que no lo ciñe nuestro mortal abrazo.
Tu ceñidor desciñe, meridiano
Que un mundo más hermoso que el del cielo
Aprisiona en su luz; desprende
El prendedor de estrellas que llevas en el pecho
Por detener ojos entrometidos;
Desenlaza tu ser, campanas armoniosas
Nos dicen, sin decirlo, que es hora de acostarse.
Ese feliz corpiño que yo envidio,
Pegado a ti como si fuese vivo:
¡Fuera! Fuera el vestido, surjan valles salvajes
Entre las sombras de tus montes, fuera el tocado,
Caiga tu pelo, tu diadema,
Descálzate y camina sin miedo hasta la cama.
También de blancas ropas revestidos los ángeles
El cielo al hombre muestran, mas tú, blanca, contigo
A un cielo mahometano me conduces.
Verdad que los espectros van de blanco
Pero por ti distingo al buen del mal espíritu:
Uno hiela la sangre, tú la enciendes.
Deja correr mis manos vagabundas
Atrás, arriba, enfrente, abajo y entre,
Mi América encontrada: Terranova,
Reino sólo por mí poblado,
Mi venero precioso, mi dominio.
Goces, descubrimientos,
Mi libertad alcanzo entre tus lazos;
Lo que toco, mis manos lo han sellado.
La plena desnudez es goce entero:
Para gozar la gloria las almas desencarnan,
Los cuerpos se desvisten.
Las joyas que te cubren
Son como las pelotas de Atalanta:
Brillan, roban la vista de los tontos.
La mujer es secreta:
Apariencia pintada,
Como libro de estampas para indoctos
Que esconde un texto místico, tan sólo
Revelado a los ojos que traspasan
Adornos y atavíos.
Quiero saber quién eres tú: descúbrete,

Sé natural como en el parto,
Más allá de la pena y la inocencia
Deja caer esa camisa blanca,
Mirame, ven, ¿qué mejor manta
Para tu desnudez, que yo, desnudo?

       

SONETO SACRO XIV

Golpea mi corazón, Dios de las tres personas; porque tú
Hasta ahora sólo tocas, respiras, iluminas, y tratas de enmendarme;
para que yo pueda levantarme y resistir, derríbame, y dobla
tu fuerza para quebrarme, aventarme, quemarme y hacerme de nuevo.
Yo, cual una ciudad usurpada, a otro debida,
me esfuerzo por admitirte, pero, oh, inútilmente,
la Razón, tu virrey en mí, debería defenderme,
pero está cautiva, y resulta débil o falsa.
Mas yo mucho te amo, y con gozo querría ser amado por ti,
pero estoy prometido a tu enemigo.
Divórciame, desátame, o rompe de nuevo ese nudo,
llévame a tí, encarcélame, porque yo,
a menos que me cautives, nunca seré libre, 
ni jamás seré casto, a menos que tú me violes.

 

 

 

 

LA CANONIZACIÓN

Por Dios, callaos, y dejadme amar; o si queréis, murmurad de mi perlesía, de mi gota, de mis cinco cabellos grises, y burlaos de mi fortuna perdida; mejorad con riquezas vuestra condición, con las artes vuestra mente; abrazad un partido, conseguíos un empleo, admirad a Su Honor, o a Su Gracia, o la realeza del Rey, y contemplad su rostro acuñado; aprobad lo que queráis, pero dejadme amar.

Ay de mí, ¿aquién daña mi amor? ¿Qué barcos hivieron naufragar mis suspiros? ¿Quién dice que mis lágrimas inundaron sus campos? ¿Cuándo mis hielos suspendieron una promavera? ¿Cuándo las fiebres que colman mis venas agregaron un nombre a las listas de la peste? Batallas encontrarán siempre los soldados, y litigantes en pleito los abogados, aunque ella y yo nos amemos.
Llamadnos lo que queráis: así nos ha hecho el amor; decid que ella es una mosca, y yo otra: también somos bujías, y a costa nuestra nos consumimos, y en nosotros hallamos el Águila y la Paloma. El misterio del Fénix se resuelve con nosotros; puesto que ambos somos uno solo, somos el Fénix. Agregad ambos sexos a una cosa neutra: morimos y resurgimos inmutables, y gracias a este amor demostramos ser misteriosos.
Si no podemos vivir de amor, de él podemos morir; si sepulcros y ataúdes rechazan nuestra leyenda, la poesía la aceptará, y si no servimos para las Crónicas, nos haremos hermosas moradas con sonetos; tanto acomodan las ornadas urnas a las cenizas máximas, como un pedazo de tierra; y todos nos aceptarán en esos himnos, canonizados por el Amor.
Y así nos invocarán: "Vosotros, que el reverendo amor convirtió a cada uno en ermita del otro; vosotros, para quien el amor fue reposo, aunque para los demás es furia; vosotros, que contrajisteis el alma entera del mundo, y llavasteis en el cristal de los ojos (de tal manera transformados en espejos y en espías, que todo en vos se compendiaba) países, ciudades, cortes; rogad que la altura nos conceda otro ejemplo de nuestro amor"

 

 

 

UN HIMNO A CRISTO

Cualquiera sea el barco náufrago en que me embarque, ése será mi emblema de Tu arca; cualquiera sea el mar donde me abisme, ése será para mí el emblema de Tu sangre; aunque enmascares Tu rostro con nubes de ira, a través de esa máscara reconozco Tus ojos; a veces desvían su mirada, pero nunca desprecian.

Yo te ofrezco esta Isla, y todos los que en ella he amado, y que en ella me amaron; cuando haya puesto nuestros mares entre ellos y yo, pon Tu mar entre mis pecados y Tú; como la savia del árbol que busca en invierno la raíz inferior, yo voy en mi invierno hacia donde a nadie sino Tú, eterna raíz del verdadero amor, podré encontrar.

Ni Tú ni Tu religión controlan el amor de un alma armoniosa, pero Tú quisieras todo ese amor para Tí mismo; como eres celoso, Señor, así estaré yo celoso porque no me amas, hasta que no liberes a mi alma de amar otra cosa; quien da libertad, la quita. ¡Oh, si no te importa a quién amo, ya no me amas!

Sella entonces este contrato de n¡mi divorcio con todos los que recibieron esos rayos más débiles de amor; aprópiate esos amores, que la juventud disemina en Famas, Ingenios, Esperanzas (falsas amantes). Las mejores iglesias para la plegaria son las menos iluminadas; para ver solamente a Dios, desaparezco; y para evitar los días tormentosos, escojo una eterna noche.

 

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