AL VER LOS MÁRMOLES DE ELGIN
Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
de decreto divino que anuncia que soy presa
de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.
Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido
y un extraño dolor cuyo prodigio silente
mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente,
con el solo la sombra de un ser desconocido.
OTROS POEMAS DE JOHN
KEATS:
ODA A UNA URNA GRIEGA (Traducción de Julio Cortazar)
HISTORIA EN VERSOS
ODA A LA MELANCOLÍA
LA CAÍDA DE HIPERIÓN (SUEÑO)
Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso, ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Temple se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son esas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera?
¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?
Si oídas melodias son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despediran la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aún más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.Éstos, ¿quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado, podrá nunca volver.¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
"La belleza es verdad y la verdad belleza"... Nada más
se sabe en esta tierra, y no más hace falta.
HISTORIA EN VERSOS
Lo hermoso es alegría para siempre:
su encanto se acrecienta y nunca vuelve
a la nada, nos guarda un silencioso
refugio inexpugnable y un reposo
lleno de alientos, sueños, apetitos.
Por eso cada día nos ceñimos
guirnaldas que nos unan a la tierra,
pese a nuestro desánimo y la ausencia
de almas nobles, al día oscurecido,
a todos los impávidos caminos
que recorremos; cierto, pese a esto,
alguna forma hermosa quita el velo
de nuestro temple oscuro: talla luna,
el sol, los árboles que dan penumbra
al ganado, o tales los narcisos
con su universo húmedo o los ríos
que construyen su fresco entablamento
contra el ardiente estío; o el helecho
rociado con aroma de las rosas.
Y tales son también las pavorosas
formas que atribuimos a los muertos,
historias que escuchamos o leemos
como una fuente eterna cuyas aguas
del borde de los cielos nos llegaran.
Y no sentimos a estos seres sólo
por breve lapso; no, sino que como
los árboles de un templo pronto aúnan
su ser al templo mismo, así la luna,
la poesía y sus glorias infinitas
cual una luz alegre nos hechizan
el alma y nos seducen con tal fuerza
que, haya sombra o luz sobre la tierra,
si no nos acompañan somos muertos.
Así, con alegría, yo refiero
la historia de Endimión (...)
ODA A LA MELANCOLÍA
1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.
2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.
3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
LA CAÍDA DE HIPERIÓN (SUEÑO)
Tienen los locos sueños donde traman
elíseos de una secta. Y el salvaje
vislumbra desde el sueño más profundo
lo celestial. Es lástima que no hayan
transcrito en una hoja o en vitela
las sombras de esa lengua melodiosa
y sin laurel transcurran, sueñen, mueran.
Pues sólo la Poesía dice el sueño,
con hermosas palabras salvar puede
a la Imaginación del negro encanto
y el mudo sortilegio. ¿Quién que vive
dirá: "no eres poeta si no escribes
tus sueños"? Pues todo aquel que tenga alma
tendrá también visiones y hablará
de ellas si en su lengua es bien criado.
Si el sueño que propongo lo es de un loco
o un poeta tan sólo se sabrá
cuando mi mano repose en la tumba.
Soñé que en un lugar estaba donde
palmera, haya, mirto, sicomoro
y plátano y laurel formaban bóvedas
cerca de manantiales cuya voz
refrescaba mi oído y donde el tacto
de un perfume me hablaba de las rosas.
Vi un árbol de boscaje recubierto
por parras, campanillas, grandes flores (...)
Me duele el corazón y una soñolienta modorra amenaza
mis sentidos, como si hubiera bebido cicuta
o vaciado alguna pipa de opio hasta la última brizna
hace un solo minuto, y se hubiera hundido hacia el Leteo:
no es porque tenga envidia de tu feliz suerte,
sino porque soy extremadamente feliz por tu dicha,
que tú, dríade de alas ligeras de los árboles
en alguna melodiosa parcela
de verdes hayas e innumerables sombras,
cantas al verano a plena garganta con facilidad.¡Oh, quien paladeara un sorbo de vino que haya sido
refrescado durante largo tiempo en las profundas bodegas de la tierra,
con sabor a Flora y al verde campo,
danzas, canciones provenzales y bronceada alegría!
¡Oh, porque una copa llena de vino del sur cálido,
llena de la verdadera, de la ruborosa Hipocrene,
con burbujas de adorno parpadeando en el borde
y la boca coloreada de púrpura:
que pudiera beber y abandonar el mundo sin ser visto
y contigo desaparecer en la penumbra del bosque:
desaparecer lejos, desvanecerse y olvidar por completo
lo que tú entre las hojas nunca has sabido
la fatiga, la fiebre y el hastío
aquí, donde los hombres se sientan y escuchan unos a otros su gemir;
donde el temblor agita algunas, tristes, últimas canas,
donde la juventud crece pálidos, delgados como espectros y mueren;
donde pensar es ya sólo un tormento
y un plúmbeo desespero;
donde la belleza no puede conservar los ojos brillantes
ni el nuevo amor serle fiel más allá de mañana.¡Lejos! ¡Lejos! porque volaré hacia ti,
pero no en la carroza de Baco y sus leopardos,
sino en las alas invisibles de la poesía,
aunque el aburrido cerebro dude y se retrase:
¡ya estoy contigo! cariñosa es la noche
y quizá la Reina Luna esté en su trono
guardada alrededor por todas sus hadas de estrellas;
pero aquí no hay luz
salvo la que viene del cielo traída por la brisa
a través de oscuros verdores y caminos tortuosos de musgo.No puedo ver las flores que hay a mis pies,
ni el suave incienso que baja de las ramas
pero, en la embalsamada oscuridad, adivino cada belleza
con la que el mes de la estación procura
a la hierba, la espesura y los frutales silvestres;
el espino blanco y la eglantina pastoral;
las violetas de corta vida cubiertas de hojas
y el mayor entre los nacidos a mediados de mayo,
la rosa de almizcle, llena de su vino de rocío,
el nido murmurante de insectos en las tardes de verano.En esta oscuridad escucho; y más de una vez
me he medio enamorado de la muerte fácil,
llamándola tiernos nombres con melodioso ritmo
para que recibiera en el aire mi silencioso aliento,
ahora más que nunca parece dulce morir,
abandonar a medianoche sin dolor
mientras que tú estás vertiendo tu alma fuera
en tal éxtasis!
Seguirás cantando y ya de nada me servirían mis oídos
convertido en un terrón de césped ante tu maravilloso canto.¡Tú no has nacido para la muerte, Pájaro inmortal!
ninguna generación hambrienta te ha derribado;
la voz que oigo esta misma noche la han oído
en antiguos tiempos emperadores y bufones:
quizá la misma canción que encontró una senda
a través del triste corazón de Ruth, cuando añorando su hogar
se deshizo en lágrimas entre los trigos extranjeros;
la misma que a menudo ha
encantado ventanas mágicas, abriéndose sobre la espuma
de peligrosos mares, en tierras de hadas olvidadas.¡Olvidadas! la misma palabra es como una campana
cuyo tañido me devolviera de tu compañía a mi soledad.
¡Adiós! la fantasía no puede engañar tan bien
como su fama parece contar, decepcionante elfo.
¡adiós! ¡adiós! tu elegíaco himno se acalla
pasando las llanuras cercanas, sobre la tranquila corriente,
subiendo por la ladera de la colina, y ahora queda profundamente enterrado
en los calveros de los próximos valles:
¿Fue una visión o un sueño de vigilia?
La música ha volado: ¿Estoy despierto o dormido?