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Rudyard Kipling
Inglaterra (1865-1936)
"Si fui para todos todo
Dios devuélveme mi propio yo"

ALGUNOS POEMAS
Sobre un estudio de Bonamy Dobrée
escribe Adrián García Bassetti
(noviembre 1994)
Verdadero poeta, y maestro de la forma en los relatos. Criatura de ánimo indeciso, con su alma cargada de extrañas y caprichosas agonías, de dudas y desilusiones; a veces, incluso de abyecta autohumillación. En cierta ocasión se planteó a sí mismo: "Qué es lo que estoy tratando de alcanzar?" Quizás el artista encuentra la respuesta a esa pregunta en la realización misma de su obra. Los símbolos de los que se valió fueron accidentales, fueron el resultado del ambiente en que nació y del tiempo en el que le tocó vivir. Y es por esa razón, muy fácil equivocarse en su interpretación.
Se lo considera un arrogante imperialista británico pero también mantuvo un contacto permanente y natural con los estratos más viejos y profundos de la conciencia humana. Entre las intuiciones de Kipling, quizá la de la soledad del individuo fue la más profunda. El sufrimiento personal le enseñó que el hombre es un ser solitario, y comprendió que quizá lo más importante de todas las características del ser humano sea la convicción de que lo que de veras importa en el hombre son sus actos y no sus sentimientos. El obrar, por eso es el remedio de la infelicidad. "Busquemos cosas que hacer y olvidémonos de las cosas", esto que era una intuición adquirió contenido metafísico en la historia "Bellow the Mill Dan" (Bajo la presa del molino), cuando las Aguas dicen a la Rueda: "Si tú pensases un poco más en la tarea que se supone que estás haciendo y un poco menos en tus inefables sentimientos, rendirías un poco más de obra en pago de la energía gastada contigo..."
A pesar de su estoicismo no deja de buscar una explicación al vivir, una vez que la explicación romántica, tan importante, ha dejado de tener valor para los hombres. ¿Puede, acaso, el hombre mirar cara a cara a un universo indiferente? ¿Hasta dónde llega la capacidad de resistencia del hombre? También implícita en buena parte de su obra está esta otra pregunta: ¿Por qué normas ha de regirse el hombre? En "Tje Light That Failed", hae esta afirmación: "Unicamente el que es libre tiene normas de conducta; únicamente el que tiene normas de conducta es libre". El sacrificio de sí mismo, ése que nos impulsa a hacer lo que debemos sin pensar en la recompensa, es la cualidad humana que más admiraba (por lo menos en su época). Sucede que toda ley exige siempre del hombre la entrega total de sí mismo, sean leyes de religión, de tribus o las de su profesión. "Llevar una cuenta corriente con Dios es una condenada insolencia", decía. "El hombre debe darlo todo espontáneamente -incluso debe darse a sí mismo- aunque puede tener confianza en que Dios le devuelva su yo".
La mística de Kipling está en cierto modo expuesta en su novela corta "Los hijos del Zodiaco", (Muchas Invenciones), donde nos habla de la necesidad del trabajo, del amor y de la risa para curarnos del temor a la muerte, y de la necesidad de despreciar el sufrimiento. Asimismo pensaba que el hombre por ser un guardián del proceso de vivir está obligado a contribuir al mismo como un servidor. Afirmaba que todas las cosas llegan en el momento que deben llegar y que tienen señalado. Por eso profetizó que todo cambiaría, criaturas y dioses, sin demora; y de esa manera consciente de que el mundo está al borde de cambios inmensos, tanteó de manera vaga, aunque constante, en busca de una nueva ley. En este proceso se limita a sugerir que nosotros disfrutamos de una ilusión de permanencia, porque tal ilusión es indispensable para nuestra existencia. Y también se plantea esta pregunta: "Cuál es el Dios más grande entre los dioses que ese castigo impuso tan tremendo que obliga hasta los dioses mismos a dejar paso a otros dioses?"
Además no se encuentra ausente en sus versos ese sentimiento realista de que por grandes que sean los esfuerzos que haga el hombre, las cosas no están en sus manos, sino en otras distintas que las suyas. En fin, si se le despojase del deseo o llegase ha haberlo satisfecho, dejaría de obrar; y el hombre desprovisto de acción es algo que no tiene sentido. Pero Kipling aún dice: "Los hombres son como son, y ¿quién se ha de meter a juzgar a Dios?"
Resulta curioso observar que a pesar de sus normas, a pesar de sus feroces antipatías y simpatías, que algunos calificarían de prejuicios, Kipling tiene dentro de su corazón un punto de debilidad hacia los fracasados, hacia los "ausentes voluntarios", hacia los de sensibilidad enfermiza. Y la verdad es que no le gustaban excesivamente los triunfadores que se elevan hasta cargos de autoridad; eso le ocurría porque los gobiernos y los ordenadores que él conocía sacrificaban con sus torpezas y descuidos miles de vidas de personas buenas y dignas. Aborrecía al presuntuoso, le indignaba la estupidez dañina de que daban prueba los dioses menores en sus cargos subalternos. Odiaba el snobismo en todas sus formas, y se colocaba siempre del lado de la persona que se veía obligada a soportar a otra. Por eso aún dice con orgullo estoico: "... Que bendice a los hombres que al servir al poder velado y oculto, aunque caigan rotos, precisamente por caer rotos... vuelven a ponerse en pie y se rehacen".
SÍ
CANCIÓN DEL RABÍ
NO DESISTAS
UNA CANCION EN LA TORMENTA
Sí puedes conservar tú calma en la borrasca
Cuando todos te acusen: ¡eres tu el turbador!
Sí cuando de ti duden, puedes confiar en ti
Disculpando magnánimo el exaltado error,
Sí puedes esperar sin cansarte en la espera
Y perdonarás la injuria y en ella no te manchas,
Y sí eres odiado te acordaras del amor
Sin ficticia dulzura y sin palabras vanas;Sí romántico sueñas y tu sueños dominas,
Sí piensas y no tienes vanidad de pensar
Sí puedes cara a cara mirar éxito y ruina
Y en la prueba vencerlos a los dos por igual,
Sí malvados falsean tus conceptos más justos
Y sufres esa carga con serena humildad,
O sí ves destruido cuanto tu edificaste
Y de nuevo comienzas tu torre a levantar;Sí medida riqueza o brillante fortuna
A cara a cara te juegas de un golpe, sin temor,
Y la pierdes impávido retornando al principio
Sin inútiles quejas y cobarde clamor;
Sí corazón y nervios y músculos y empeño
Pones sólo al servicio del supremo ideal
Y soportas la prueba ya sin clara esperanza
Dando ejemplo de terca y ardiente voluntadSí pulsas muchedumbres y conservas intactas
Tu virtud; si ni reyes rebajan tu altivez;
Sí no pueden herirte amigos ni enemigos
Sí mesurado eres de todos un sostén;
Sí tú puedes llenar el minuto implacable
Con el valor auténtico de sesenta segundos
Es que eres un hombre totalmente, hijo mío,
Y tuya ya la tierra, tuyo ya todo el mundo!
¡Si al cielo el pensamiento llegar puede,
quede, oh cielos, guardado en vuestro seno!
No vaya el pensamiento en nuestras manos,
a ser fuerza y camino hacia al Infierno.
Temamos que la noche y las anguistias
desoladoras de la mente fría
llenen de confusión y desconcierto
la morada que fue nuestra algún día.Nada a tus espaldas dejes... Que no quede
fantasma alguno, sollozante y tétrico
de una pena o un odio entre los muros.
Limpia tu alma, recógela muy dentro
de tí mismo, y por nada le consientas
que proyecte la sombra del pasado
sobre lo que a tus herederos legar quieras.Presente siempre ten en tus tristezas
que el pesar tuyo lejos llegar puede;
que puede tu locura reflejarse
en el cerebro de otro; que a otra mente
puede esa angustia tuya dar tormento.
¡Que a nadie tu dolor contriste y duela!
Mucho más lejos de lo que pensamos
de nuestra angustias las saetas vuelan.Nuestras vidas y lágrimas, como agua
van cayendo en la tierra. Dios a nadie
da cuartel; pero Dios al dolor nuestro
un remedio ha encontrado insuperable...
Aún si la Fe se esfuma y la Esperanza;
aún si el Amor se apaga entre la niebla...,
¡halló un remedio, para que no sean
privados de su Dios los que él destierra!
Cuando vayan mal las cosas
como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber
pero mucho que pagar,
y precises sonreír
aun teniendo que llorar,
cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes
¡pero nunca desistas!Tras las sombras de la duda
ya plateadas, ya sombrías,
pude bien surgir el triunfo
no el fracaso que temías,
y no es dable a tu ignorancia
figúrate cuan cercano,
pueda estar el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano.Lucha, pues por mas que tengas
en la brega que sufrir,
cuando todo este peor,
mas debemos insistir.
Asegúrate bien de que a tu lado peleen
los océanos eternos, aunque esta noche
el viento en contra y las mareas
nos hagan su juguete.
A fuerza de tiempo, no de guerra,
en medio del peligro nos guiamos:
Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que aparezca
en todo tiempo de angustia y también
en el de nuestra salvación,
el juego vence siempre al jugador
y el barco a su tripulación.De la niebla salen rumbo a la tiniebla
las olas que brillan y se encrespan.
Casi estas aguas sin conciencia se comportan
como si tuviesen alma-
casi como si hubieran pactado sumergir
nuestra bandera debajo de sus aguas verdes:
sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que pueda verse, etc.Asegúrate bien, a pesar de que las olas y el viento
en reserva guardan ráfagas aún más poderosas,
que los que cumplimos las guardias asignadas
ni por un instante descuidemos la vigilancia.
Y mientras nuestra proa flotando rechaza
cada carrera frustrada de las olas,
canta, sea bienvenida la descortesía del Destino
dondequiera que se desvele, etc.No importa que sea barrida la cubierta
y se rompan la arboladura, el maderamen-
de cualquier pérdida podremos sacar provecho
salvo de la pérdida del regreso.
Por eso, entre estos Diablos y nuestra astucia
deja que la cortesía de las trompetas suene,
y que sea bienvenida la descortesía del Destino,
dondequiera que se encuentre, etc.Asegúrate bien, aunque en poder nuestro
nada quede para dar
salvo sitio y fecha para encontrar el fin,
y deja de esforzarte por vivir,
que hasta que éstos se disuelvan, nuestra Orden se mantiene,
nuestro Servicio aquí nos ata.
Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino,
dondequiera que aparezca,
en todo tiempo de angustia y también
en el de nuestro triunfo,
el juego vence siempre al jugador
y el barco a su tripulación.