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Percy Bysshe Shelley
Inglaterra 1792 - 1822
HIMNO A LA BELLEZA INTELECTUAL
Espíritu, Belleza que consagras
con tu lumbre el humano pensamiento
sobre el que resplandeces, ¿dónde has ido?
¿Por qué cesa tu brillo y abandonas
este valle de lágrimas desierto?
¿Por qué el sol no teje por siempre
un arco iris en tu arroyo?
¿Por qué cuanto ha nacido languidece?
¿Por qué temor y sueño, vida y muerte
ensombrecen el mundo de este modo?
¿Por qué el hombre ambiciona tanto
odio y amor, desánimo, esperanza?
OTROS POEMAS DE PERCY
BYSSHE SHELLEY:
HIMNO A LA BELLEZA INTELECTUAL
1. La sombra de una fuerza incognoscible...
2. Espíritu, belleza que consagras...
3. Ninguna voz de un ámbito sublime...
4. Amor, honor, confianza...
5. Cuando niño, buscaba yo fantasmas...
6. Hice un voto: A ti ya cuanto es tuyo...
7. El día es más sereno y más solemne...LA SERENATA INDIA
EL TRIUNFO DE LA VIDA (Fragmento)
SOBRE LA MEDUSA DE LEONARDO DE VINCI, EN LA GALERÍA FLORENTINA
La sombra de una Fuerza incognoscible
flota, aunque incognoscible, entre nosotros;
visita este amplio mundo con la misma
inconstancia que el viento entre las flores;
como un rayo de luna tras un pico
turba secreto, imprevisible,
el corazón y rostro humanos;
Icomo el rumor pausado de la tarde,
como una nube en noche clara,
como el recuerdo de una música,
como aquello que se ama por hermoso
pero más todavía por ignoto.2. ESPÍRITU, BELLEZA QUE CONSAGRAS
Espíritu, Belleza que consagras
con tu lumbre el humano pensamiento
sobre el que resplandeces, ¿dónde has ido?
¿Por qué cesa tu brillo y abandonas
este valle de lágrimas desierto?
¿Por qué el sol no teje por siempre
un arco iris en tu arroyo?
¿Por qué cuanto ha nacido languidece?
¿Por qué temor y sueño, vida y muerte
ensombrecen el mundo de este modo?
¿Por qué el hombre ambiciona tanto
odio y amor, desánimo, esperanza?
3. NINGUNA VOZ DE UN ÁMBITO SUBLIME...Ninguna voz de un ámbito sublime
ha respondido nunca a estas preguntas.
Los nombres de Demonio, Espectro y Cielo
testimonian este inútil empeño:
débiles palabras cuyo encanto no suprime
de cuanto aquí vemos y oímos
el azar, la duda, lo mudable.
Sólo tu luz, cual niebla entre montañas
o música que el viento vespertino
arranca de algún tácito instrumento
o cual claro de luna a medianoche,
sosiega el sueño inquieto de esta vida.
4. AMOR, HONOR CONFIANZA...Amor, Honor, Confianza, como nubes
parten y vuelven, préstamo de un día.
Si el hombre inmortal fuese, omnipotente,
Tú -ignoto y sublime como eres-
dejarías tu séquito en su alma.
Tú, emisario de los afectos,
que creces en los ojos del amante;
¡Tú que nutres al puro pensamiento
cual penumbra a una llama que agoniza!
No partas cuando al fin llega tu sombra:
sin Ti, como la vida y el temor,
la tumba es una oscura realidad.5. CUANDO NIÑO, BUSCABA YO FANTASMAS...
Cuando niño, buscaba yo fantasmas
en calladas estancias, cuevas, ruinas
y bosques estrellados; mis temerosos pasos
ansiaban conversar con los difuntos.
Invocaba esos nombres que la superstición
inculca. En vano fue esa búsqueda.
Mientras meditaba el sentido
de la vida, a la hora en que el viento corteja
cuanto vive y fecunda
nuevas aves y plantas,
de pronto sobre mí cayó tu sombra.
Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.
6. HICE UN VOTO: A TI YA CUANTO ES TUYO...
Hice un voto: a Ti ya cuanto es tuyo
dedicaría el ser. ¿No ha sido así?
Aún hoy, con inquieto pulso, llamo
a los turbios espectros que en sus tumbas
acompañan mis horas. En fingidos lugares
donde aplico mi espíritu al amor o al estudio,
han contemplado conmigo la noche.
Saben que la alegría no ilumina mi rostro
si no es con la esperanza de que absuelvas
al mundo de su oscura esclavitud;
de que tú, Terrible Hermosura,
concedas cuanto el verso no logra proclamar.
7. EL DÍA ES MÁS SERENO Y MÁS SOLEMNE...El día es más sereno y más solemne
cuando llega la tarde. y hay un orden
en Otoño y un lustre en su horizonte
que el estío prohíbe alojo humano
hasta hacernos creer que es imposible.
Así pues, deja que tu fuerza
-talla naturaleza, cuando joven-
provea a mi existencia venidera
de sosiego, a mí que te venero
con cuantas formas te contienen,
a mí, hermoso Espíritu, a quien diste
el temor de sí mismo y amor al ser humano.
Me levanto desde sueños de ti
En el primer dulce dormir de la noche
Cuando los vientos respiran suave
Y las estrellas relumbran brillantes:
Me levanto desde sueños de ti,
Y un espíritu en mis pies
Me ha llevado - ¿quién sabe cómo?
A la ventana de tu cuarto, ¡Dulce!
II
Los aires vagabundos desmayan
Sobre lo oscuro, la corriente silenciosaLos aromas de Champak caen
Como dulces pensares en un sueño
La queja del ruiseñor
Muere sobre su corazón
Como yo sobre el tuyo
¡Oh, amado como tú lo eres!
III
¡Oh elévame de la hierba!
¡Muero!, ¡Desmayo!, ¡Caigo!
Deja que tu amor en besos llueva
Sobre mis párpados y labios pálidos.
Mi mejilla es fría y blanca, ay!
Mi corazón late alto y rápido;¡Oh! Apriétalo contra el tuyo de nuevo
donde al final se romperá.(1819)
Y mientras miraba, me pareció que en el camino
el tropel se encrespaba, como los bosques en junio
cuando el viento del sur agita el día extinto;y un frío resplandor, más intenso que el mediodía,
pero helado, oscureció la luz
el sol y las estrellas. Como la luna nueva,cuando en las lindes soleadas de la noche
pone a temblar su blanca concha en el aire carmesí
y, mientras la tempestad dormida junta fuerzas,transporta, como heraldo de su arribo,
el fantasma de su madre muerta, cuya tenue forma
se inclina hacia el oscuro éter desde la silla de su hija,así vino un carruaje en la tormenta silenciosa
de su propio brillo arrasador, y así una forma
iba sentada en él como quien, deformado por los años,bajo una lúgubre capucha y una doble capa
se agacha a la sombra de una tumba, y sobre
lo que parecía la cabeza, se cernía, cual crespón,una nube, y con pardo, débil y etéreo resplandor
amortiguaba la luz; en el rayo del carruaje
una sombra con los rostros de Jano asumíala conducción del prodigioso carro alado.
Las figuras que lo arrastraban entre densos relámpagos
se perdieron: en el suave fluir del aire sólo se oía yala música de alas incesantes.
Las cuatro caras del auriga
tenían los ojos vendados... De poco sirveque un carro sea veloz si lo guía la ceguera,
ni vale entonces que los rayos eclipsen el sol
o que los vendados ojos puedan penetrar la esferade todo lo que es, ha sido o será hecho.
Pero, por mal que el carruaje fuera conducido,
pasó majestuosamente con solemne rapidez...
SOBRE LA MEDUSA DE LEONARDO DE VINCI, EN LA GALERÍA FLORENTINA
Ahí yace, observando sobre el cielo
de la medianoche, tendida en la nebulosa
cima del monte. Allá abajo tierras distantes
vense temblorosas; su horror y su belleza
son divinos. Sobre párpados y labios parece
yacer cual sombra la hermosura, donde brillan
exaltados y ardientes, luchando en lo hondo,
los tormentos de la angustia y la muerte.Mas es el horror, no la gracia, lo que torna
en piedra el alma de quien la observa; es ahí
que se graban las facciones de esa cara muerta,
hasta que sus rasgos crecen plenamente
y nada más puede concebir el pensamiento;
lo que da a la contorsión un carácter armónico
y humano es el color melodioso de la belleza
lanzado a las tinieblas y la dolorosa mirada.De su testa salen, cual de un solo cuerpo,
como [ ] hierba de una acuosa roca,
pelos que son víboras, que se enroscan,
fluyen, se enredan en largas marañas y tejen
con infinitas volutas una radiante malla,
como si se burlaran de la tortura y la muerte
que llevan dentro y serraran el aire sólido
con una multitud de desgreñadas fauces.Desde una piedra vecina, un ponzoñoso lagarto
espía despreocupado esos ojos de Gorgona;
mientras en el aire un espectral murciélago
sin rumbo, que se había alejado enloquecido
de la caverna que esa luz espantosa hendía,
vuelve apresurado cual polilla que se esfuerza
por alcanzar una vela; el cielo de medianoche brilla
con luz más pavorosa que la oscuridad de la cueva.Es la fascinación tempestuosa del terror;
en las serpientes centellea una mirada abrasadora
y feroz, encendida por ese inextricable error,
que convierte los angustiantes vapores del aire
en un [ ] espejo que trastoca constante
el terror y la belleza que ahí moran; un semblante
de mujer, con serpentinos rizos, que en la muerte
contempla el firmamento desde esas rocas húmedas.
Conocí a un viajero de un antiguo país
que me dijo: hay en el desierto dos grandes piernas,
sin tronco, de piedra. Cerca, medio hundido
en la arena, yace un rostro destrozado. En su ceño,
en sus labios fruncidos, en su frío gesto de dominio y desprecio,
selladas sobre estas cosas sin vida
bien leyó su escultor las pasiones que aún sobreviven
a la mano y corazón de aquel que las tallaba.
Y aparecen en el pedestal estas palabras:
"Me llamo Ozimandias, rey de reyes.
Contempla mis obras, tú, poderoso y desespera."
Nada permanece. Alrededor de la decadencia
de esta inmensa ruina, ilimitada y desnuda
se extiende lejana la arena solitaria.