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Vinicius de Moraes

 

MUJER AL SOL

Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.

Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa
en la flor de los labios, abierta para el gozo.

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,
y que al someterse se enfurezca y solloce,

e intente rechazarme, y que al sentirme ausente
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.

 

OTROS POEMAS DE VINICIUS DE MORAES:

 

 

SONETO DE LA SEPARACIÓN      

SONETO   

AUSENCIA   

CANCIÓN DEL DEMASIADO AMOR

LA HORA ÍNTIMA  

SUSPENSIÓN

SONETO DEL AMIGO     

SE BUSCA UN AMIGO...

 

 

 

SONETO DE LA SEPARACIÓN

De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo espanto.

De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hiso el drama.

De repente, no más que de repente,
se volvió triste lo que fuera amante,
y solitario lo que fuera contento.

El amigo próximo se hizo distante,
la vida se volvió una aventura errante.
De repente, no más que de repente.

 

 

 

 

SONETO

Esa mujer que se arroja fría
y lúbrica en los brazos, y a sus senos.
Me aprieta, me besa y balbucea
versos, rezos a Dios, votos obscenos.

Esa mujer, flor de melancolía
que ríe de mis pálidos recelos,
la única entre todas a quien di
caricias que jamás a otra daría.

Esa mujer que a cada amor proclama
la miseria y grandeza de quien ama
y feliz de mis dientes guarda huella.

¡Un mundo, esa mujer! Es una yegua
quizás, pero en el marco de una cama
nunca mujer alguna fue tan bella.

 

 

 

AUSENCIA

Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
No quiero tenerte porque en mi ser
todo estará terminado.
Sólo quiero que surjas en mí
como la fe en los desesperados,
para que yo pueda llevar una gota de rocío
en esta tierra maldita
que se quedó en mi carne
como un estigma del pasado.
Me quedaré... tu te irás,
apoyarás tu rostro en otro rostro,
tus dedos enlazarán otros dedos
y  te desplegarás en la madrugada,
pero no sabrás que fui yo quien te logró,
porque yo fui el amigo más íntimo de la noche,
porque apoyé mi rostro en el rostro de la noche
y escuché tus palabras amorosas,
porque mis dedos enlazaron los dedos
en la niebla suspendidos en el espacio
y acerqué a mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré solo como los veleros
en los puertos silenciosos.
Pero te poseeré más que nadie
porque podré irme
y todos los lamentos del mar,
del viento, del cielo, de las aves,
de las estrellas, serán tu voz presente,
tu voz ausente, tu voz sosegada.

 

 

 




CANCIÓN DEL DEMASIADO AMOR

Quiero llorar porque te amé demasiado,
quiero morir porque me diste la vida,
ay, amor mío, ¿será que nunca he de tener paz?
Será que todo lo que hay en mí
sólo quiere decir saudade...
Y ya ni sé lo que va a ser de mí,
todo me dice que amar será mi fin...
Qué desespero trae el amor,
yo que no sabía lo que era el amor,
ahora lo sé porque no soy feliz.

 

 

 


LA HORA ÍNTIMA

¿Quién pagará el entierro y las flores
si yo muero de amores?

¿Qué amigo será tan amigo
que en el entierro esté conmigo?

¿Quién, en medio del funeral
dirá de mí: "Nunca hizo el mal...?

¿Quién borracho, llorará en voz alta
por no haberme traído nada?

¿Quién deshojará violetas
en mi tumulto de poeta?

¿Quien lanzará tímidamente
al suelo un grano de simiente?

¿Quién mirará, cobarde,
la estrella de la tarde?

¿Quién me dirá palabras mágicas
que hagan empalidecer a los mármoles?

¿Quién, oculta en velos oscuros,
se crucificará por los muros?

¿Quién, con el rostro descompuesto,
sonreirá: Rey muerto, rey puesto...?

¿Cuántas, en presencia del infierno
sentirán dolores de parto?

¿Cuál la que, blanca de recelo,
tocará el botón de su seno?

¿Quién loca, ha de caer de
hinojos sollozando tantos sollozos
que despierte recelos?

¿Cuántos, los maxilares contraídos,
con sangre en las cicatrices
dirán: Fue un loco amigo...?

¿Qué niño mirando a la tierra
y viendo moverse a un gusano
tendrá un aire de comprensión?

¿Quién, en circunstancia oficial,
propondrá para mí un pedestal?

¿Qué llegados de la montaña
tendrán circunspección tamaña
que he de reír blanco de cal?

¿Cuál la que, el rostro al viento
lanzará un puñado de sal
en mi guarida de cemento?

¿Quién cantará canciones de amigo
el día de mi funeral?

¿Cuál la que no estará presente
por motivo circunstancial?

¿Quién clavará en el seno duro
una hoja oxidada?

¿Quién, con verbo inconsútil,
ha de orar: La paz le sea dada?

¿Cuál el amigo que, a solas consigo,
ha de pensar: No será nada...?

¿Quién será la extraña figura
a un tronco de árbol recostada
con mirar frío y aire de dudas?

¿Quién conmigo se abrazará
y tendrá que ser arrancada?

¿Quién va a pagar el entierro y las flores
si yo muero de amores?

 

 

 


SUSPENSIÓN

Fuera de mí, en el espacio, errante,
la música doliente de un vals;
en mí, profundamente en mi ser,
la música doliente de tu cuerpo;
y en todo, viviendo el instante de todas las cosas,
la música de la noche iluminada.
El ritmo de tu cuerpo en mi cuerpo...
El giro suave del vals lejano, indeciso...
Mis ojos bebiendo tus ojos, tu rostro.
Y el deseo de llorar que viene de todas las cosas.

 

 

 

SONETO DEL AMIGO

En fin, después de tanto error pasado,
tantas represalias, tanto peligro,
resurge en otro el viejo amigo
nunca perdido, siempre reencontrado.

Es bueno sentarlo nuevamente al lado
con ojos que contienen la mirada antigua
siempre conmigo un poco tribulado
y como siempre singular conmigo.

Un bicho igual a mí, simple y humano
sabiendo moverse y conmoverse
y a disfrazar con mi propio engaño.

El amigo: un ser que la vida no explica
que sólo se va al ver otro nacer
y el espejo de mi alma multiplica.

 

SE BUSCA UN AMIGO...

No es necesario que sea hombre, basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos, basta que tenga corazón,
se necesita que sepa hablar y callar, sobre todo que
sepa escuchar...

Tiene que gustar de la poesía, de la madrugada, de los
pájaros, del sol, de la luna, del canto, de los vientos y
de las canciones de la brisa.

Debe tener amor, un gran amor por alguien, o sentir
entonces, la falta de no tener ese amor... debe amar al
prójimo y respetar el dolor que los peregrinos llevan
consigo... debe guardar el secreto sin sacrificio...

No es necesario que sea de primera mano, ni es
imprescindible que sea de segunda mano.

Puede haber sido engañado, pues todos los amigos son
engañados.

No es necesario que sea puro, ni que sea totalmente
impuro, pero no debe ser vulgar, debe tener un ideal y
miedo a perderlo y en caso de no ser así, debe sentir el
gran vacío que esto deja.

Tiene que tener resonancias humanas, su principal
objetivo debe ser el del amigo. Debe sentir pena por las
personas tristes y comprender el inmenso vacío de los
solitarios.

Debe gustar de los niños y sentir lástima por los que no
pudieron nacer.

Se busca un amigo para gustar de los mismos gustos, que
se conmueva cuando es tratado como amigo, que sepa
conversar de cosas simples, de lloviznas y de grandes
lluvias y de los recuerdos de la infancia.

Se precisa un amigo para no enloquecer, para contar lo
que se vio de bello y de triste durante el día, de los
anhelos y de las realizaciones, de los sueños y de la
realidad.

Debe gustar de las calles desiertas, de los charcos de
agua

y los caminos mojados, del borde de la calle, del bosque
después de la lluvia, de acostarse en el pasto.

Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir, no
porque la vida es bella, sino porque se tiene un amigo...

Se necesita un amigo para dejar de llorar... Para no vivir
de cara al pasado, en busca de memorias perdidas... Que
nos palmee los hombros, sonriendo o llorando, pero
que nos llame amigo, para tener la conciencia de que
aún se vive.

 

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