CHARLES BAUDELAUIRE
- Un Corazón Al Desnudo -
Francia 1821 - 1867
"¿Qué más puede hacer el mundo bajo el cielo?"
¿QUÉ DIRÁS ESTA NOCHE?
¿Qué dirás esta noche, pobre alma solitaria,
qué dirás, corazón, marchito hace tan poco,
a la muy bella, a la muy buena, a la amadísima,
bajo cuya mirada floreciste de nuevo?
El orgullo emplearemos en cantar sus loores;
nada iguala el encanto que hay en su autoridad;
su carne espiritual tiene un perfume angélico,
y nos visten con ropas purísimas sus ojos.
En medio de la noche y de la soledad,
o a través de las calles, del gentío rodeado,
danza como una antorcha su fantasma en el aire.
A veces habla y dice: "Yo soy la bella y ordeno
que por amor a mí no améis sino lo bello;
soy el Ángel guardián, la Musa y la Madona".
Biografía
Baudelaire nació en Parías el 9 de abril de 1821 y murió el 31 de agosto de 1867.
Fue uno de los poetas franceses más completos, su pensamiento obedece a una inflexible lógica. Su Arte es pleno y refinado, a pesar de cierta preciosidad en el estilo, pero que es escasa. Se le llama con justicia del padre del simbolismo decadente. En su obra supo expresar profundas aspiraciones del hombre. Según su ética, la cual ponen en duda algunos de sus biógrafos, la naturaleza es el mal, lo natural es lo antiestético, la decadencia un alivio, y la muerte una bendición. Su última época rebeló una mezcla de pesimismo y misticismo. Fue cristiano y filósofo. Su obra principal es "Les fleurs du mal" (Las flores del mal). En su verso-prefacio se dirige al lector diciéndole que el más inmundo y malvado de los vicios es el aburrimiento, el cual, si pudiera, se tragaría al mundo de un bostezo y que el lector también lo conoce.
Baudelaire fue un excelente traductor de Esgar Alan Poe. También publicó un estudio magistral sobre Teófilo Gauthier, "La Morale du Joujou". De 1861 es un ensayo literario y psicológico sobre los efectos del opio y del haschich: "Los Paraísos Artificiales". Además una crítica del Salón de 1859, continuación de algunas obras publicadas en 1845 y 1846. Otros artículos del dibujante inglés Constantino Guya y la brillante defensa de Wagner y del Tannhausser.
Francesco Orlando dice: "Para Baudelaire, el arte es un proceso metafórico que va desde lo que está presente a lo que está ausente, en el ámbito de este mundo o en su relación mística con el otro. He aquí por qué su enemigo es el realismo imitador, que acepta la naturaleza tal cual es en vez de recrear otra por virtud de los símbolos. Y he aquí por qué en sus diversas formas, pintura o verbo, el arte es parangonado repetidas veces por Baudelaire, a la evocación por excelencia de aquello que está ausente: la magia, arcaica respuesta a necesidades que sólo el poeta puede satisfacer por todos en la sociedad moderna. Las correspondencias median, precisamente, el rescate sobrenatural del mundo o el retorno al edén infantil por el cual el mundo no estaba todavía corrompido, "reina de las facultades", que conoce las vías de aquel rescate y de este retorno, Baudelaire ha escrito: "Ella descompone todo lo creado, y, con materiales amasados y dispuestos según reglas de las cuales no se puede encontrar su origen más que en lo más profundo del alma, crea un mundo nuevo, produce la sensación de lo nuevo".
OTROS POEMAS DE CHARLES BAUDELAIRE:
MADRIGAL TRISTE
LA BELLEZA
LA FUENTE DE SANGRE
LA DESTRUCCIÓN
ALEGORÍA
VEN A MI PECHO, ALMA SORDA Y CRUEL...
TE ADORO IGUAL
EL VAMPIRO
SONETO DE OTOÑO
A LA QUE ES DEMASIADO ALEGRE
EL PERFUME
LA INVITACIÓN AL VIAJE
LA ESTÉRIL
LA SERPIENTE QUE DANZA
REMORDIMIENTO PÓSTUMO
EL BALCÓN
EMBRIÁGUENSE
EL EXTRANJERO
LA DESESPERACIÓN DE LA ANCIANA
El «YO PECADOR» DEL ARTISTA
RECOGIMIENTO
A LA QUE PASACORRESPONDENCIA
CÁLCULO EN FAVOR DE DIOS
MI CORAZÓN AL DESNUDO
AL LECTOR
MADRIGAL TRISTE
¿Qué me importa que seas casta? Sé bella y triste.
Las lágrimas aumentan de tu faz el encanto.
Reverdece el paisaje de la fuente al quebranto;
la tormenta a las flores de frescura reviste.
Eres más la que amo si la melancolía
consterna tu mirada; si en lago de negrura
tu corazón naufraga; si el ayer su pavura
tiende sobre tus horas como nube sombría.
Eres la Bien-Amada si tu pupila vierte
-tibia como la sangre- su raudal; si aunque blanda
mi caricia te arrulle, lenta y ruda se agranda
tu angustia con el trémulo presagio de la muerte.
¡Oh voluptuosid8ldes profundas y divinas!
¡Salmo de los deleites entonado en sollozos!
Tus ojos, como perlas, son fuegos misteriosos
con que las interiores penumbras iluminas.
Tu corazón es fragua; la pasión insepulta
como ascua inextinta, dispersa su destello;
y bajo la celeste blancura de tu cuello
un poco de satánica rebeldía se oculta.
Pero en tanto, Adorada, que no pueblen tus sueños
pesadillas sin término, reflejos avernales,
y en lívidas visiones de azufre mil puñales
tajen tu carne ebria de filtros y beleños,
y a todas las quimeras pávida esclavizada
el augurio funesto mires a cada paso,
y convulsa te acojas al letárgico abrazo
del tedio irresistible que anuncia la alborada.
Tú no podrás, -oh sierva que me impones tu ley
y a tu amor me encadenas perversa y temblorosa,
decirme desde el antro de la noche morbosa,
con el alma en un grito: Yo soy tú mismo, ¡oh Rey!
Yo soy bella, ¡oh mortales! , como un sueño de piedra.
Mi seno -donde el hombre se desangra y expira-
mudo, infinito amor al poeta le inspira,
coronada de rosas lo mismo que de yedra.
Campea en el azul -esfinge impenetrable-:
bajo alburas de cisne llevo un alma de nieve;
odio los movimientos que las líneas remueve;
lo mismo ignoro el llanto que la risa inefable.
Los poetas, absortos frente a mis actitudes
-que asumidas parecen de altivas magnitudes-
consumirán sus días sondando las edades;
que tengo para embrujo de amadores tan fieles,
-espejos que trasmutan las guijas en joyeles-
mis ojos, grandes ojos, de eternas claridades.
Creo sentir, a veces que mi sangre en torrente
se me escapa en sollozos lo mismo que una fuente.
Oigo perfectamente su queja dolorida,
pero me palpo en vano para encontrar la herida.
Corre como si fuera regando un descampado,
y en curiosos islotes convierte el empedrado,
apagando la sed que hay en toda criatura
y tiñendo doquiera de rojo la Natura.A menudo también del vino he demandado
que aplaque por un día mi terror. ¡Pero el vino
torna el mirar más claro y el oído más fino.
Tampoco en el amor el olvido he encontrado:
ha sido para mí un lecho de alfileres,
hecho para saciar la sed de las mujeres.
El demonio a mi lado acecha en tentaciones;
como un aire impalpable lo siento en torno mío;
lo respiro, lo siento quemando mis pulmones
de un culpable deseo con que, en vano, porfío.Toma a veces la forma, sabiendo que amo el arte,
de la más seductora de todas las mujeres;
con pretextos y antojos que no hecho a mala parte
acostumbra mis labios a nefandos placeres.Cada vez más, me aleja de la dulce mirada
de Dios, dejando mi alma jadeante, fatigada
en medio de las negras llanuras del hastío.Y pone ante mis ojos. llenos de confesiones,
heridas entreabiertas, espantosas visiones...
la destrucción preside este corazón mío.
Ésta es una mujer de rotunda cadera
que permite en el vino mojar su cabellera.
Las garras del amor , las mismas del granito.
Se ríe de la muerte y la depravación,
y, a pesar de su fuerte poder de destrucción,
las dos han respetado hasta ahora, en verdad,
de su cuerpo alto y firme la altiva majestad.Anda como una diosa y tiende sultana,
siente por el placer fe mahometana.
Y cuando abre los brazos, sus pechos soberanos
demanda la mirada de todos los humanos.
Ella sabe, ella sabe, ¡oh doncella infecunda!,
necesaria, no obstante a la caterva inmunda,
que la beldad del cuerpo es un sublime don
que de cualquier infamia asegura el perdón.Ella ignora el infierno y purgatorio ignora,
y mirará por eso, cuando le llegue la hora,
la cara de la muerte en un tan duro momento,
como un niño: sin odio sin remordimiento.
VEN A MI PECHO, ALMA SORDA Y CRUEL...
Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
tigre adorado, monstruo de aire indolente;
quiero enterrar mis temblorosos dedos
en la espesura de tu abundosa crin;
Sepultar mi cabeza dolorida
en tu falda colmada de perfume
y respirar, como una ajada flor,
el relente de mi amor extinguido.
¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
en un sueño, como la muerte, dulce,
estamparé mis besos sin descanso
por tu cuerpo pulido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos apagados,
sólo preciso tu profundo lecho;
el poderoso olvido habita entre tus labios
y fluye de tus besos el Leteo.
Mi destino, desde ahora mi delicia,
como un predestinado seguiré;
condenado inocente, mártir dócil
cuyo fervor se acrece en el suplicio.
Para ahogar mi rencor, apuraré
el nepentes y la cicuta amada,
del pezón delicioso que corona este seno
el cual nunca contuvo un corazón.
Te adoro igual que a la bóveda nocturna,
¡oh vaso de tristeza, gran taciturna!
Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes;
y cuanto más me pareces encanto de mis noches,
irónicamente aumentar la distancia
que separa mis brazos de la inmensidad azul.
Avanzo en los ataques y trepo en los asaltos
como junto a un cadáver un coro de gusanos,
y amo tiernamente, bestia implacable y cruel,
incluso tu frialdad, que aumenta tu belleza.
EL VAMPIRO
Tú que, como una cuchillada;
entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
de demonios, viniste loca y adornada,
para hacer de mi espíritu humillado
tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
como el forzado a su cadena,
como al juego el jugador empedernido,
como el borracho a la botella,
como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
Supliqué a la rápida espada
que conquistara mi libertad
y supliqué al pérfido veneno
que sacudiera mi ruindad.
¡Ay! el veneno y la espada.
me desdeñaron diciéndome:.
-No eres digno de que se te libere
de tu esclavitud maldita.
-¡Imbécil! -Si de su dominio
te libraron nuestros esfuerzos,
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro.
Me preguntan tus ojos, claros como el cristal,
para ti, extraño amante, ¿cuál es mi atractivo?
-¡Sé encantadora y cállate! Mi corazón, al que todo
irrita
excepto el candor del animal primitivo,
no quiere descubrirte su secreto infernal.
Berceuse cuya mano al dulce sueño invita,
ni su negra leyenda escrita con llamas.
¡Odio la pasión y el ingenio me duele!
Amémonos con dulzura. El amor en su garita,
tenebroso, emboscado, blande su arco cruel.
Conozco las armas de su perfecto arsenal.
¡Crimen, horror y locura! ¡Oh, pálida margarita!
¿Acaso, como yo, no eres tú un sueño otoñal,
también tú, mi tan fría y pálida Margarita?
A LA QUE ES DEMASIADO ALEGRE
Tu cabeza, tu gesto, tu aire
Como un bello paisaje, son bellos;
Juguetea en tu cara la risa
Cual fresco viento en claro cielo.
El triste paseante al que rozas
Se deslumbra por la lozanía
Que brota como un resplandor
De tus espaldas y tus brazos.
El restallante colorido
De que salpicas tus tocados
Hace pensar a los poetas
En un vivo ballet de flores.
Tus locos trajes son emblema
De tu espíritu abigarrado;
Loca que me has enloquecido,
Tanto como te odio te amo.
Frecuentemente en el jardín
Por donde arrastro mi ironía,
Como una ironía he sentido
Que el sol desgarraba mi pecho;
Y el verdor y la primavera
Tanto hirieron mi corazón,
Que castigué sobre una flor
La osadía de la Naturaleza.
Así, yo quisiera una noche,
Cuando la hora del placer llega,
Trepar sin ruido, como un cobarde,
A los tesoros que te adornan,
A fin de castigar tu carne,
De magullar tu seno absuelto
Y abrir a tu atónito flanco
Una larga y profunda herida.
Y, ¡Vertiginosa dulzura!
A través de esos nuevos labios,
Más deslumbrantes y más bellos,
Mi veneno inocularte, hermana.
EL PERFUME
Lector: -¿Alguna vez, por suerte has respirado
con morosa embriaguez, con avidez golosa
el incienso que invade la nave silenciosa,
o el pomo que de ámbar un tiempo fue colmado?
¡Oh mágico, profundo portento alucinado,
presencia revivida de evocación brumosa,
cuando sobre su cuerpo puedo aspirar la rosa
de la sepulta imagen, del recuerdo adorado!
Selváticos efluvios se propagan al vuelo
del espeso y elástico madejón de su pelo,
como un incensario que sahuma la alcoba.
Y de las muselinas y el terciopelo oscuro
de los trajes, de todo, fluye, en hálito puro,
negro aroma gemelo del lecho de caoba.
LA INVITACIÓN AL VIAJE
Mi hermana, mi ser,
sueña en el placer
de juntar las vidas en tierra distante,
y en un lento amar
amar y expirar
en aquel país ¡a Ti semejante!
Los húmedos soles
de sus arreboles
mi alma conturban con igual encanto
de tus agoreros
ojos traicioneros
cuando resplandecen a través del llanto.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso.
Pulieron los años
suntuosos escaños
que serán la muelle pompa de la estancia
donde los aromas
de exóticas pomas
vagan entre una ambarina fragancia.
La rica techumbre,
la ilímite lumbre
que dan los espejos con magia oriental
hablaran con voces
de incógnitos goces
al alma en su dulce lenguaje natal.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso.
Mira en las orillas
las dormidas quillas
de innúmera ruta, de sino errabundo:
siervas de tu anhelo
su marino vuelo
tendieron de todos los puertos del mundo.
Ponentinos lampos
revisten los campos,
la senda, la playa. Cárdeno capuz
de oro y jacinto,
por el orbe extinto
difunde la tarde su cálida luz.
Allá todo es rítmico, hermoso
y sereno esplendor voluptuoso
LA ESTÉRIL
Con su veste ondulante, de visos nacarados
-aún cuando camina parece que danzara-
cual ágiles serpientes que en la mágica vara
y en cadencias concitan los juglares sagrados;
Como la arena fosca y el azul inclemente
-una y otro impasibles ante el dolor humano;
como la red sin fondo del artero oceano,
va desplegando Ella su mirar indolente.
Tersos, fingen sus ojos un metal agorero
-amalgama de oro, gemas, lampos de acero-
suma del ángel puro y la esfinge profunda,
y en su naturaleza simbólica y extraña
esplende para slempre, con su inútil entraña,
la fría majestad de la hembra infecunda.
LA SERPIENTE QUE DANZA
¡Cuánto gozo al mirar, dulce indolente,
tu corpóreo esplendorl
como si fueran seda iridescente
tu piel y su fulgor.
Y sobre tu profunda cabellera
de un ácido aromar
-cual un mar errabundo, sin ribera,
en azul ondular;
como bajel que despertó del sueño
al viento matinal,
lanzo mi alma en soñador empeño
hacia el piélago astral.
En tu mirada que nada revela
de dulzura ni hiel,
mezcla de oro y hierro se congela
para el doble joyel.
Mirando la cadencia con que avanzas
bella de lasitud,
dijéranse las serpentinas danzas
al ritmo del laúd.
Agobiada de un fardo de molicie
tu cabeza infantil
se balancea como en la planicie
una leona febril.
Y tu cuerpo se inclina y se distiende
como un ebrio bajel,
y va de borda en borda mientras hiende
las aguas su proel.
Cual la onda engrosada por las fuentes
del rugidor glaciar ,
cuando asoman al filo de tus dientes
espuma y pleamar,
creo beber un vino -sangre y llama,
sima y elevación-,
un vino que me inunda, que me inflama
de astros el corazón.
REMORDIMIENTO PÓSTUMO
Cuando duermas por siempre, mi amada Tenebrosa,
tendida bajo el mármol de negro monumento
y por tibia morada y por solo aposento
tengas, no más, el antro húmedo de la fosa;
Cuando oprima la piedra tu carne temblorosa,
y le robe a tus flancos su dulce rendimiento,
acallará por siempre tu corazón violento,
detendrá para siempre tu andanza vagarosa.
La tumba, confidente de mi anhelo infinito
(compasivo refugio del poeta maldito)
a tu insomnio sin alba dirá con gritos vanos:
"Cortesana imperfecta -¿de qué puede valerte
denegarle a la Vida lo que hoy llora la muerte"?
Mientras -!pesar tardío!- te roen los gusanos.
EL BALCÓN
¡Madre de los recuerdos! ¡Reina de los amantes!
Eres todo mi gozo, ¡todo mi yugo eres!
En tí revivirán los íntimos instantes
y el sabor del hogar en los atardeceres,
Madre de los recuerdos, ¡Reina de los Amantes!
Las noches que doraba la crepitante lumbre,
las noches del balcón entre un vaho de rosas,
cuán dulce tu regazo, de ardiente mansedumbre
y el frecuente decirnos inolvidables cosas
en noches que doraba la crepitante lumbre.
¡Oh cuán bellos los soles de las tibias veladas!
¡Qué profundo el espacio! ¡Qué cordial poderío¡
Inclinado hacia ti, Reina de las amadas,
respiraba el perfume de tu cuerpo bravío.
Oh cuán bellos los soles de las tibias veladas.
En redor espesaba la noche su negrura
y entre ella adivinaban mis ojos tus pupilas,
yo libaba tu aliento. ¡Oh veneno! ¡Oh dulzura!
Y tus pies dormitaban en mis manos tranquilas,
y en redor espesaba la noche su negrura.
¡Es de artistas fijar los minutos del gozo
remirando el ayer sumido en tus rodillas!
¿A qué vano buscar encanto langoroso,
de tu cuerpo y tu alma sino en las maravillas?
Es de artistas fijar los minutos del gozo.
Juramentos, aromas, besos innumerables:
renacerán del vórtice vedado a nuestras sondas
como soles que suben a cielos inefables
después de sumergidos en las amargas ondas?
¡Oh aromas, juramentos! ¡Oh besos incontables!
EMBRIÁGUENSE
Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.
Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:
¡Es hora de embriagarse!
Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.
EL EXTRANJERO
-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre,
a tu hermana o a tu hermano?
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?
-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes
maravillosas!
LA DESESPERACIÓN DE LA ANCIANA
La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.
Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.
Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.
Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»
El «YO PECADOR» DEL ARTISTA
¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento,
de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin
argucias, sin silogismos, sin deducciones.
Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad.
La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas, dolorosas.
Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva... ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.
RECOGIMIENTO
Cálmate, dolor mío, y tu angustia serena.
Anhelabas la noche. Ya desciende. Aquí está.
Una atmósfera oscura cubre a París. Traerá
a unos cuantos la paz, a otros muchos la pena.
Mientras la muchedumbre que se rinde al placer
Su verdugo inclemente por las calles anhela
Cazar remordimientos bajo la fiesta en vela,
Tú, dolor, ven a mí. Dame la mano al ver
Que es posible escaparse de los ya muertos años
Con sus antiguos trajes en el balcón celeste.
Ya brotan, como salen del mar, los desengaños,
Cuando el sol, bajo un arco, se muere en lontananza.
Ahora, tal un sudario que desciende del este.
Observa, mi dolor: la inmensa noche avanza.
A LA QUE PASA
La avenida estridente en torno de mí aullaba.
Alta, esbelta, de luto, en pena majestuosa,
pasó aquella muchacha. Con su mano fastuosa
Casi apartó las puntas del velo que llevaba.
Ágil y ennoblecida por sus piernas de diosa,
Me hizo beber crispado, en un gesto demente,
En sus ojos el cielo y el huracán latente;
El dulzor que fascina y el placer que destroza.
Relámpago en tinieblas, fugitiva belleza,
Por tu brusca mirada me siento renacido.
¿Volveré acaso a verte? ¿Serás eterno olvido?
¿Jamás, lejos, mañana?, pregunto con tristeza.
Nunca estaremos juntos. Ignoro adónde irías.
Sé que te hubiera amado. Tú también lo sabías.
La Creación es un templo donde vivos pilares
Dejan surgir a veces unas voces oscuras;
Allí los hombres pasan a través de espesuras
De símbolos que observan con ojos familiares.Como confusos ecos que a lo lejos se ahogan
En una tenebrosa y profunda unidad,
Vasta como la noche, como la claridad,
Perfumes y colores y sonidos dialogan.Y así hay perfumes frescos como recién nacidos,
Verdes como los prados, dulces como el oboe,
Y hay otros triunfadores, densos y corrompidos,Todos de una expansión infinita movidos,
Como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe,
Que cantan los transportes del alma y los sentidos.
Nada existe sin un fin.
Por lo tanto mi existencia tiene un fin. ¿Qué fin? Lo ignoro.
Entonces no soy yo quien lo ha marcado.
Es por lo tanto alguien más sabio que yo.
Por eso es necesario rogar a alguien que nos
Ilumine. Es lo más sabio.El dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupción;
Debe vivir y dormir ante un espejo.
Cuando Jesucristo dice:
"Bienaventurados los que están hambrientos
porque ellos serán saciados".
Jesucristo hace un cálculo de probabilidades.
Estupidez, error, pecado, mezquindad,
Ocupan nuestras almas, nuestros cuerpos alteran,
Y los remordimientos en nosotros prosperan
Al igual que los piojos en la mendicidad.Nuestras faltas son tercas, no el arrepentimiento,
Nos hacen pagar caras las confesiones,
Y al cieno retornamos porque nuestros borrones
Creemos que los lava un llanto fraudulento.Satán el Trimegisto sobre el cojín del Mal
Sin cesar mece nuestro espíritu encantado,
Y este sabio alquimista en mayor ha cambiado
De nuestra voluntad el precioso metal.¡El sostiene los hilos que nos hacen mover!
En entes repugnantes seducción encontramos,
¡Cada día al infierno un paso más bajamos,
A través de tinieblas hediondas, sin temer!Igual que besa y roe el seno lacerado
De una vieja ramera un triste libertino,
Queremos aferrarnos a un placer clandestino
Como una naranja que seca hemos dejado.Como un millón de helmitos, apretado e hirviente,
Un pueblo de demonios ríe en nuestras cabezas,
Y al respirar, la muerte, con oscuras tristezas,
Baja a nuestros pulmones, invisible corriente.Si el estupro, el veneno, el incendio, el puñal,
No bordaron aún sus formas atrevidas
En la tela trivial de nuestras pobres vidas,
Es porque en nuestra alma no hay osadía tal.Pero entre las panteras, las lobas, los chacales,
Los monos, las tarántulas, los buitres, las serpientes,
Los monstruos aulladores, reptadores, rugientes,
En la caterva de nuestros vicios fatales,¡Hay uno más horrible, más perverso e inmundo!
Aunque no grite nunca ni gesticule tanto,
De buena gana haría de la tierra un espanto
Y en un largo bostezo se tragaría el mundo:¡Es el Aburrimiento! Con su aire lejano,
En su narguile fuma mientras sueña matanzas.
Tú, lector, de ese monstruo sabes las acechanzas:
¡Hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano.