Nació en Namur (Bélgica) en 1899 y falleció en París en 1984. Principales obras: Mis propiedades, 1929, Un bárbaro en Asia,1932, Poemas 1927-1954, Frente a los cerrojos, 1954, Miserable milagro,1956, El infinito turbulento, 1957, Paz en los quebrantos, 1959, Conocimiento por los abismos,1961, Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas, 1966, Puntos de referencia, 1981.
Todavía no es
mañana
Rueda, rueda, sortilegio de dos
cabezas,
rueda, oleaje profundo,
salido de los planetas de nuestros cuerpos
recuperados.
Sol para los retrasos,
somnolencia de ébano,
seno de mi fruto de oro.
Extendidos,
abrazamos la tormenta,
abrazamos el espacio,
abrazamos el oleaje, el cielo, los mundos,
hoy tenemos todo abrazado,
haciendo el amor sobre el cadalso.
Yo remo
Maldije tu frente tu vientre tu vida
Maldije las calles que tu andar recorre
Los objetos que recoge tu mano
Maldije el interior de tus sueños
Puse un charco en tu ojo que ya no ve
Un insecto en tu oreja que ya no oye
Una esponja en tu cerebro que ya no comprende
Te he enfriado en el alma de tu cuerpo
Te he congelado en tu vida profunda
El aire que respiras te sofoca
El aire que respiras tiene aire de sótano
Es un aire que ya ha sido expirado
Que ha sido expulsado por hienas
El hedor de ese aire ya nadie puede respirarlo
Tu piel está completamente húmeda
Tu piel rezuma el agua del gran miedo
Tus axilas desprenden desde lejos un olor a cripta
Los animales se detienen a tu paso
Los perros aúllan por la noche, levantando la cabeza
hacia tu casa
No puedes huir
No tienes ningún hormigueo en la punta del pie
Tu cansancio pone raíces de plomo en tu cuerpo
Tu cansancio es una larga caravana
Tu cansancio llega hasta el país de Nan
Tu cansancio es inexpresable
Tu boca te muerde
Tus uñas te arañan
Ya no es tuya tu mujer
Ya no es tuyo tu hermano
Una serpiente furiosa le ha mordido la planta del pie
Han mancillado tu progenitura
Han mancillado la risa de tu niñita
Han mancillado al pasar el rostro de tu morada
El mundo se aleja de ti
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tu vida
Yo remo
Yo me multiplico en remeros innumerables
Para remar con mayor fuerza contra ti
Caes en lo impreciso
Estás sin aliento
Te cansas aun antes de hacer el menor esfuerzo
Yo remo
Yo remo
Yo remo
Te vas, ebrio, atado a la cola de un mulo
La ebriedad como un inmenso quitasol que oscurece el
cielo
Y convoca a las moscas
La ebriedad vertiginosa de los canales semicirculares
Comienzo mal escuchado de la hemiplejía
La ebriedad ya no te abandona
Te tumba hacia la izquierda
Te tumba hacia la derecha
Te tumba sobre el suelo pedregoso del camino
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tus días
En la casa del sufrimiento entras
Yo remo
Yo remo
Sobre un lazo negro tus acciones se inscriben
Sobre el gran ojo blanco de un caballo tuerto rueda
tu porvenir
Yo remo
Nosotros dos
aún
Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta
opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este
silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto.
Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua.
Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado.
No supiste jugar. Atrapaste las
cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín.
Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de
sangre.
El bienestar reía en su alma. Pero era todo mentira.
No fue largo el reír.
Ella estaba en un tren que rodaba hacia el mar.
Estaba en un huso que hilaba sobre la roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia
la serpiente de fuego que iba a consumirla. Y fue allí, de pronto, cuando
sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el
espejo, su felicidad.
Y cuando vio subir esa llama sobre ella, oh...
Al instante, la copa le fue arrancada. Sus manos ya
no han sido nada más. Vio como se la apretaba en un rincón. Se detuvo allí
arriba como un enorme tema de meditación por resolver antes que nada. Dos
segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventana,
pidiendo socorro.
Toda la llama entonces la rodeó.
Ella se encuentra ahora en una cama, y su sufrimiento
sube hasta el cielo, sin encontrar a Dios... y su sufrimiento desciende hasta el
fondo del infierno sin hallar al demonio.
El hospital duerme. La quemadura despierta. Su
cuerpo, como un parque abandonado...
Defenestrada de sí misma, busca cómo volver a entrar.
El vacío por donde deriva no responde a sus movimientos.
Lentamente, en la granja, su trigo arde.
Ciega, a través de la larga barrera del sufrimiento,
durante un mes, remonta el río de la vida, natación atroz.
Paciente, en lo innombrable inflado, vuelve a trazar
sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su piel fina. La curación está
allí. Mañana cae la última venda. Mañana...
Aire de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú
supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente, tu tonta piedrecilla obstructora
a través de una aurora nueva.
Ella ya no encontró lugar en el tiempo. Le fue
preciso volverse hacia la muerte.
Apenas si divisó la ruta. Un segundo abrió el abismo.
El siguiente la precipitó en él.
Uno se ha quedado confundido de este lado. No ha
habido tiempo para decir hasta luego. No ha habido tiempo para una promesa.
Ella había desaparecido del film de esta tierra.
Lou
Lou
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou ¿no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en que tenías tanta fe
¿Y bien?
No vas a ser como las otras que ya nunca más hacen
una seña,
sumergidas en el silencio.
No, no debe besarte a ti una muerte para separarte de
tu amor.
En la pompa horrible
que te espacia hasta yo no sé qué milésima dilusión
buscas aún, nos buscas lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones
Debimos haber sido informados mejor,
Alguien me escribe que tú, mártir, velarás ahora por
mí.
¡Oh! Lo dudo.
Cuando toco tu fluido tan delicado, persistente en tu
cuarto y tus objetos familiares
/que aprieto en mis manos
este fluido tenue al que sería preciso proteger para
siempre
Oh lo dudo, dudo y tengo miedo por ti,
impetuosa y frágil, dispuesta a las catástrofes
Con todo, voy a las oficinas en busca de certificados
dilapidando momentos preciosos
que sería preciso emplear antes que nada entre
nosotros precipitadamente
mientras tiritas
esperando en tu maravillosa confianza que yo venga a
ayudarte a sacarte de allí, pensando "seguramente
/vendrá
Habrá podido tener algún percance pero no tardará
Vendrá, yo lo conozco
No va a dejarme sola
No es posible
No va a dejar sola a su pobre Lou..."
Yo no conocía mi vida. Mi vida pasaba a través de ti.
Se había vuelto simple, ese gran asunto complicado. Se había vuelto simple a
pesar del dolor.
Tu fragilidad: yo era fuerte cuando se apoyaba en mí.
Dime, ¿es que verdaderamente no nos encontraremos
nunca más?
Lou, hablo una lengua muerta, ahora que ya no te
hablo. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han logrado su fin. ¿Lo ves
al menos? Es cierto, tú jamás dudaste. Se necesitaba un ciego como yo, se
necesitaba tiempo, tu larga enfermedad, tu belleza, resurgiendo de la debilidad
y de las fiebres, se necesitaba esta claridad en ti, esta fe, para horadar por
fin la pared de la apariencia de su autonomía.
Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde, aprendí "juntos"
aquello que no parecía estar en mi destino. Pero no demasiado tarde.
Los años han existido para nosotros, no contra
nosotros.
Nuestras sombras respiraban juntas. Bajo nosotros,
las aguas del río de los acontecimientos corrían casi en silencio.
Nuestras sombras respiraban juntas, y todo estaba por
ellas recubierto.
Tuve frío con tu frío. Bebí sorbos de tu dolor. Nos
perdemos en el lago de nuestros intercambios.
Rico de un amor inmerecido, rico que se ignoraba con
la inconciencia de los poseedores, he perdido ser amado. Mi fortuna ha quebrado
en un día.
Árida, mi vida continúa. Pero no me doy cuenta. Mi
cuerpo permanece en tu cuerpo delicioso y en mi pecho hay antenas plumosas que
me hacen sufrir con el viento del saqueado. La que ya no está se aleja, y su
ausencia devoradora me invade y me consume.
Extraño los días de tu sufrimiento atroz en la cama
del hospital, cuando yo llegaba por los corredores nauseabundos, atravesados por
gemidos, hasta la momia espesa de tu cuerpo vendado y esperaba emerger de
pronto, como el "la" de nuestra alianza, tu voz dulce, musical, contenida,
resistiendo con valor la fealdad de la desesperación, cuando, a tu vez,
escuchabas mis pasos y murmurabas, libre: "Ah, estás allí".
Yo apoyaba mi mano sobre tu
rodilla, por encima del sucio cobertor, y todo desaparecía entonces: el hedor,
la horrible indecencia del cuerpo tratado como un barril o como un albañal por
seres extraños, atareados y recelosos, todo se deslizaba hacia atrás, dejando
que nuestros dos fluidos, a través de los remedios, se encontraran de nuevo, se
mezclaran en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la amargura, en el
colmo de la dulzura.
Las enfermeras, el interno,
sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.
Aquel que está solo, se vuelve de noche contra la
pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene de compartir el día. Ha
mirado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene cosas para ti.
¿No me responderás algún día?
Pero tal vez tu persona se ha vuelto como un aire del
tiempo de la nieve, que entra por la ventana, que uno cierra, presa de
escalofríos o de un malestar precursor del drama, como me ha ocurrido hace
algunas semanas. El frío se echó de pronto sobre mis espaldas, yo me cubrí
precipitadamente y me volví cuando eras tú quizás y la más cálida que pudieras
darte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, no podías expresarte de otra
manera. Quién sabe si en este mismo momento no esperas, ansiosa, que yo
por fin comprensa, y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme
contigo, pobremente, pobremente, es verdad, sin medios, pero nosotros dos aún,
nosotros dos....
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