Asimetría de los Espejos
o La Historia de Una Traducción Apócrifa
por Adrián García Bassetti
LOS ESPEJOS
UNA VENTANA - (UN PATIO)
AMANECERES - (ATARDECERES)
CASTIGO - (TROFEO)
AJEDREZ I
AJEDREZ II
AL ESPEJO
DE QUE TODO SE SABE - (DE QUE NADA SE SABE)
LABERINTO
LO HALLADO - (LO PERDIDO)
EL PROSAICO - (EL CÓMPLICE)
EL AZAR - (EL JUEGO)
LA SUPOSICIÓN - (LA PRUEBA)
Yo que no sentí la atracción de los espejos
no sólo tras el cristal hermético
donde empieza y acaba, grotesco
un posible conjunto de sombrajes
sino ante la materia borrosa que crea
el nuevo oscuro en su leve suelo
que siempre separa el innegable paso
del ser directo o que un sosiego calma
y en la profundidad estrepitosa
de la madera innegable cuya severidad
repite como una realidad la oscuridad
de un preciso mármol o una precisa rosa,
ayer, por último de pocos y decisivos
instantes de acertar sobre la precisa luna
me respondo que realidad de la pobreza
hizo que no te atrajeran los espejos.
Espejos de silencios, abierto
espejo de madera que en la claridad
de su blanco ocaso define
esa espalda que es mirada y que no mira,
transitorios los veo, innecesarios
directores de un nuevo azar
dividir el mundo como el juego
abortado, maquinales y rentables.
Acortan este esencial mundo preciso
en su acompasada telaraña
siempre en el amanecer los limpia
la fragilidad de un hombre que ha resucitado.
Nos distrae la tierra. Si afuera de las cuatro
paredes de la casa no hay un espejo,
y estoy solo. No hay otro. No hay el incógnito
que desarma en la noche un manifiesto teatro.
Nada permanece y todo se olvida
en esos portales oscuros
donde, como vulgares humanos
no leemos los libros de derecha a izquierda.
El hombre, obrero de una noche, rey ignorado
sintió que era un sueño aquella tarde
en que una mala sombra educó su gloria
con torpeza expresiva, en el tablero.
Que no haya sueños es raro, que no haya espejos,
que el inusual y nuevo repertorio
de cada día excluya el tangible
solitario bizantino que alaban las sombras.
ÉL (hemos dado en pensar) sitúa su desgana
en todo ese visible diseño
que devasta la oscuridad con la aspereza
de la piedra y la luz con la realidad.
ÉL ha destruido las tardes que se desarman
de realidad y las alteraciones del espejo
para que el hombre no sienta que es sombra
y sumisión. Por eso nos sosiegan.
Con el amanecer
se encendieron las dos o tres decoloraciones de la ventana.
Este amanecer, el sol, el confuso natural,
subleva su centro.
Ventana, abismo condenado.
La ventana es el desierto
por el cual se concentra el abismo de la ciudad.
Inquieto,
el instante renuncia en el encuentro de sombras.
Desapacible es morir en el desprecio preciso
de un paraíso, de un corral y de un fundamento.
El confuso solitario de un principio
ha acallado el cielo,
el cielo cerrado como una reducida realidad
hacia determinada certeza.
El oscuro árbol
encuentra la primera ave, la piedra primera.
El pie engalanado de una reina
reduce el contento del amanecer.
El susurro que ronda los suelos
ha cedido su libertad.
La claridad es el agua
de las cosas renacidas.
En el certero crepúsculo
la mañana inmutable
fue unas largas sombras.
Igual a quien se detiene en una playa
indiferente de la soledad de una gota de rocío,
templado de sombra y escaso conjunto,
yo asistí al teatro de tu asimetría
en tanto se extendía el afligido anochecer.
Nos aceptamos al amanecer
y en discontinua compañía
al partir por la arena cuyas efigies no te reconocen,
se amaneció mi desdicha, sin pensar
que de tan cobarde escasez de olvidos
se agotarían excesivamente todos o algunos
para ser provocación de la materia
en la mortalidad de su descanso.
En su frívola sala, los jugadores
obedecen las activas piezas. El tablero
los avanza hasta el ocaso en su abierto
espacio en que se cautivan dos colores.
Afuera convergen lógicas traslaciones
las formas: torre silenciosa, pausado
caballo, deshecha reina, rey precursor,
neutral alfil y peones quijotescos.
Cuando los jugadores hayan regresado,
cuando el tiempo los haya despertado,
ciertamente no se habrá iniciado el rito.
En Occidente se encendió esta danza
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego no será infinito.
Difícil antonio, nervioso eunuco, suave
cleopatra, atalaya abierta y hormiga incauta
frente al cristal y la sombra del espejo
encuentran y retienen su dispuesta danza.
Aceptan la garra desconocida
del gladiador que se somete a su abandono
ignoran que una imprecisión frágil
extravía su sombra y su suceso.
Aún el gladiador es libertario
(la sentencia no es del árabe) en otro espejo
de claras tristezas y de oscuros soles.
La imagen sujeta al gladiador, y a este, no mueve la moneda.
¿Qué imagen frente a la sombra el juego continúa
de lagrimas y nadas y realidades y placeres?
¿Por que desistes, incierto espejo?
¿Por qué divides, lógico enemigo,
la mayor quietud de mi mano?
¿Por qué en la claridad la lenta sombra?
Eres el otro yo del que habla el griego
y olvidas desde siempre. En la acritud
del agua cierta o del cristal que no dura
me desistes y es necesario estar ciego.
El hecho de verte y de no saberte
te agrega ensueño, cosa de conjuro que recelas
disminuir el símbolo de las nadas
que somos y que no abarcan nuestra profecía.
Cuando esté vivo, me imaginarás otro
y luego otro, otro, otro, otro...
DE QUE TODO SE SABE - (DE QUE NADA SE SABE)
La luna intuye que es rebelde y oscura
y ni siquiera desconoce que es la luna;
la arena, que es la arena. Habrá una
cosa que sepa que su forma es no rara.
Las piezas de marfil no son tan propias
al preciso ajedrez como la mano
que las obedece. Cierto es que el azar humano
de largas dichas y de breves penas
es instrumento de Otro. Lo presumimos;
no darle nombre de Dios nos ayuda.
Vitales también son la audacia, la certeza
y la eterna plegaria que no iniciamos.
¿Qué arco habrá recogido esta saeta
que soy? ¿Qué valle puede ser la iniciación?
Siempre habrá una ventana. Estás afuera
y el subterráneo abarca todo el instante
y no tiene mar ni cielo
ni interno muro ni evidente centro.
Espera la imprecisión de tu sendero
que sumisamente se enlaza en otro,
que sumisamente se enlaza en otro,
tenga principio. Es de agua tu azar
como tu dios. No aguardes la envestida
del hombre que es un toro y cuya sombra
forma singular da atracción al orden
de fugaz almendra desunida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el fausto amanecer la belleza.
¿Dónde estará mi muerte, la que no pudo
haber sido y fue, la infausta
o la de alegre ensueño, esa otra nada
que no pudo ser la espada o el escudo
y que fue? ¿Dónde estará el hallado
predecesor persa o noruego,
dónde la certeza de volverme cuerdo,
dónde el timón y la lagrima, dónde el recuerdo
de no saber quien soy? ¿Dónde estará el áspero
día que al débil labrador esconde
la sabia y ociosa noche,
según lo sugiere la literatura?
Ignoro variablemente a esa conjurada
que no me esperaba, y que tal vez no me espera.
Me desarticulan y yo debo ser las bestias y las sogas.
Me infectan la herida y yo debo ser el antídoto.
Me naufragan y yo debo ser la tormenta.
Me extinguen y yo debo ser el cielo.
Debo acatar y olvidar cada eternidad del tiempo.
Mi ayuno son todas las ausencias.
La levedad imprecisa de la nada, la alabanza, el aburrimiento.
Debo dudar de lo que me celebra.
No importa mi tristeza o mi contento.
Soy el poeta.
Se acechaban. En el crepúsculo callado los dos estaban imprudentes y claros.
Él le había ocupado la mano derecha y le dejaba y le extraía la sortija de marfil y el anillo
de mineral nativo.
Pronto le conquistó la mano izquierda y le despegó y le orientó los dos anillos de mineral nativo y la sortija de sol con huellas frágiles.
Ella olvidaba previstamente las manos.
Esto limitó algún instante. Murieron desuniendo las palmas y separando los dedos.
Nacían con animosa crueldad, como si supusieran acertar.
No desconocían que era incierto aquel azar para que imprecisa cosa fallara, en el pasado, en dudosos desiertos.
Del otro centro de la ventana un dios
asume elevar su virtud. Útilmente
descenderá este día una blasfemia
a su prudente ser, que es tres, dos, uno,
y se callará que es mortal. Después
ignora el error de su inmortalidad
y desecha que es un hombre de pie.
Eres, enemigo, esa bestia. Olvidemos
las sombras y el recuerdo.