Prologo de una Asimetría de los Espejos o La Historia de Una Traducción Apócrifa
por Adrián García Bassetti
Este libro que se embarca en una aproximación más a los espejos del cosmos, por donde Jorge Luis Borges se entretuvo entretejiendo versos para atenuar el transcurso del tiempo , es una mística nave, que se sostiene en la presunción de alcanzar el horizonte que ofrece el mar de la poesía. Y si así no lo lograse, no importa, le cedo al lector el privilegio o el olvido de estos poemas, pero también le acerco el sortilegio de un juego, como una imagen más de la existencia, descubrirlos en el universo borgeano.
Lo cierto, si algo hay que no esté impregnado de incertidumbres, es que la ciencia nos ofrece el pretexto para advertir la maravilla de los espejos, y la literatura, su mundo de equivalencias con el ajedrez, donde el cristal es centro y horizonte del tablero, que la imagen no puede traspasar. Desde la física he de abordar los caracteres simbólicos de la escritura sobre la reflexión, que es la propiedad del movimiento ondulatorio por la que una onda retorna al propio medio de propagación tras incidir sobre una superficie. Y cuando una forma de energía —como la luz o el sonido, y al que agrego la poesía— se transmite por un medio y llega a un medio diferente, lo normal es que parte de la energía penetre en el segundo medio y parte sea reflejada.
También hemos de sostener (por que sabemos, otra vez la física nos advierte) que la luz, es emitida por sus fuentes en línea recta, y se difunde en una superficie cada vez mayor a medida que avanza. Cuando la luz incide sobre un objeto es absorbida o reflejada; la luz reflejada por una superficie rugosa (preferiría decir surcada) se difunde en todas direcciones. Las superficies blancas difunden por igual todas las longitudes de onda, y las superficies negras absorben casi toda la luz. En algunos experimentos la luz se comporta como una corriente de partículas y en otros como una onda (principio básico de la física cuántica). Por otra parte, para que la reflexión forme imágenes es necesaria una superficie muy pulida, como la de un espejo .
Y el espejo, es un dispositivo óptico, un punto de conexión, casi esencialmente de vidrio, con una superficie lisa y pulida, que forma imágenes mediante la reflexión de los rayos de luz .
La historia suscribe que sucedía la edad de los antiguos egipcios, griegos y romanos cuando se recurrió en modo habitual al uso de espejos de bronce, ya en la Biblia se sugiere la presencia de espejos hechos de latón. Los griegos y romanos también utilizaban plata pulida para producir reflexión. Pero los primeros espejos de vidrio rudimentarios comenzaron a fabricarse en Venecia alrededor del año 1300, y a finales del siglo XVII ya se hacían espejos en Gran Bretaña.
Pero si ha de haber un principio, de disposición literaria y no científica, he de precisar que el inicio de esta serie de poemas se deben a una de las tantas causas que prestidigita el azar, acaso por una exploración sistemática del mismo. Y si ha de haber otro pretexto sobre este poemario sería útil retornar al contexto de la adolescencia, donde me establecía casi con la firmeza de un antiguo maestro, una sucesión de ejercicios literarios, un juego de espejos, donde me proponía representar a los grandes escritores que me asombraban.
Y fueron estos juegos de espejos, con sus abismos, con sus diversos universos de aventuras, asimetrías y alteraciones cronológicas del tiempo casi propias de la muerte, con los que me sorprendí de frente a la posibilidad de explorar las infinitas probabilidades del ser.
Con el suceder del tiempo fui descubriendo con desconcierto, que otros escritores preferentemente prosistas utilizaban el mismo artilugio para crear sus obras literarias, copiando estructuras, estilos, formas de puntuación, adjetivación y versificación. Pero esta es otra historia...
Para retornar al núcleo del texto he de confesar que esta celebración del juego de los espejos me ha subyugado en exceso, es en verdad una distinción descifrar cada poema, cada verso, desde el asombro hasta la exaltación, como conjetura un traductor al abordar el poeta y la poesía elegida, así me sumergí en cada uno de los poemas escogidos, también al azar, porque pretendo que el universo creado sea toda la obra, y que cada uno de los poemas sean sus constelaciones, sus estrellas, sus planetas, sus satélites y sus sueños.
Los espejos nos ofrecen diversos mundos, y hacia ellos nos dirigimos de modo invariable, persistentes, en una errante travesía. Se me figura que un dios aburrido del tiempo ha inventado para nosotros este juego.
Coincido, y es fácil coincidir con los notables, con lo que alguna vez Jorge Luis Borges escribiera, como si conjeturase las causas y azares que a “este otro” le servirían para imaginar esta aleatoria poesía, desde sus palabras, como en un eco de los espejos: “Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.”